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Reflexiones Para Su Corazón
En esta sección tendremos meditaciones de acuerdo al tiempo litúrgico, muy apropiadas para una reflexión muy profunda de su corazón. Especialmente, en estos momentos difíciles de tanta desorientación y desapego a las cosas del Señor. Recuerde que usted también está llamado a ser "sal de la tierra; mas si la sal se desvirtúa ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres". Mt. 5,13

Domingo XX del Tiempo Ordinario
Pura pasión
Lc 12,49-53
«No he venido a traer paz, sino división». Misteriosa frase de Jesús que contrasta con otras salidas de sus mismos labios: «La paz os dejo, mi paz os doy». Ello quiere decir que no hemos de entender las palabras de Cristo según nuestros criterios puramente humanos: «No os la doy como la da el mundo» (Jn 14,27).
La paz de Cristo no consiste en la carencia de lucha, no se identifica con una situación de indiferencia donde todo da igual, ni proviene de la eliminación de las dificultades. Cristo es todo lo contrario a esa falsa paz, a esa actitud anodina que en el fondo delata que uno no tiene nada por lo que valga la pena luchar, vivir y morir; él es pura pasión, fuego devorador: «He venido a prender fuego en el mundo».
También el cristiano vive en una lucha a muerte contra el mal: «Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado». El profeta es perseguido por denunciar el mal. Una paz que nace de tolerar el mal no es la paz de Cristo. Hay que contar con que los que rechazan a Cristo, aunque sean de la propia familia, siempre nos perseguirán, precisamente por seguir a Cristo ser fieles al evangelio. Una paz cobarde, lograda a base de traicionar a Cristo, no es paz. Él es el primero, el único, el absoluto. Cristo y su evangelio no son negociables. Poner como criterio máximo el no chocar, el estar a bien con todos a cualquier precio, el no crearse problemas, acaba llevando a renegar de Cristo. Y a veces se impone la opción: «O conmigo o contra mí».