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La CONVERSIONES DE JUDÍOS EN LA IGLESIA CATÓLICA
Antes de que se produjera en la Historia el movimiento hebreo-católico, debemos traer a la memoria que la Iglesia Católica ha contado a lo largo de su caminar con testimonios muy valiosos de hermanos judíos que han reconocido en Jesús el Mesías, la plenitud de la vocación del Pueblo de Israel. El primer dato que disponemos es el de Nicolás de Lyra (1340), autor de Postilla Perpetua, una discusión de libros canónicos y apócrifos, el sentido de la Escritura, y reglas para una correcta interpretación bíblica.
Nuestros antecedentes históricos se remontan a la conversión del rabino francés David Paul Drach (1791-1868), quien se bautizó a la edad de 32 años. Su testimonio, el más polémico en el ámbito judío tradicional del siglo XIX, llevó a que muchos de sus correligionarios también se acercaran a Jesús y a Su Iglesia, siguiendo el ejemplo de Rabí Drach. Es el caso del Venerable (Jacob) Francis Mary Paul Libermann (1804-1852), fundador de la Congregación del Inmaculado Corazón de María, y sus tres hermanos. El hijo de Rabí Paul, Augustin Drach (1817-1895) fue ordenado presbítero en 1846 y escribió un gran Comentario a la Biblia en Francés en 1869.
Entre el legado que el rabino Drach nos dejó, tenemos la Oración a la Bienaventurada Virgen María por la Conversión de Su Pueblo, escrita en 1824. La plegaria dice:
Querida Madre de nuestro Mesías Jesús: Nuestra más fuerte esperanza después de Él, Oh! Reina Gloriosa del Cielo!, Oh! Virgen preservada del pecado desde el instante mismo de tu existencia, nunca te he llamado en vano.

1827 es un año clave, porque fue el año en el que el ashkenazi (judío de origen alemán) Teodoro Ratisvona (1802-1884) fue bautizado, al reconocer a Yeshua como Mesías. Luego de ser ordenado sacerdote, fundó en 1843 la
Congregación de Nuestra Señora de Sión, una comunidad de religiosas que tiene como objetivo dar testimonio en la Iglesia y en el mundo, de la fidelidad de Dios a su amor por el pueblo judío, para apresurar el cumplimiento de las promesas concernientes a judíos y gentiles.

Ya en el siglo XX, una nueva conversión enciende la polémica más dura contra los judíos que abrazan el Evangelio en la Iglesia. Hablamos del rabino Israel Zolli (1881-1956), quien se desempeñaba como Gran Rabino de Roma cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, época en la que el papa Pío XII le ofreció refugio en la Ciudad del Vaticano. Al final de la guerra, el rabino reconoce públicamente a Jesús como Mesías e Hijo del Altísimo y se bautiza en la Iglesia Católica. Luego se desempeñó como asesor bíblico en la Congregación para la Doctrina de la Fe, hasta su muerte.
De Rabí Zolli tenemos como legado su testimonio "Befote the Dawn", un artículo en el que nos comparte sus experiencias en Cristo Jesús y su determinación de ser católico. Además rabbí Zolli fue el promotor de que se eliminara del Misal Romano, de la Oración Universal del Viernes Santo, se quitara la frase "judíos pérfidos" y en cambio se orara "por el Pueblo Judío, a quien Di-s habló primero..." (Misal Romano; Viernes Santo, Oración Universal IV).
Podríamos citar más testimonios, tales como las conversiones de Santa Edith Stein (1891-1942), el psicoanalista alemán Karl Stern, autor de "Pillar of Fire", el cardenal Jean-Marie Lustiger, actual Arzobispo de París, la poetisa norteamericana Laurie Faith Brousseau (se bautizó en 1983), el jasídico húngaro Charles Rich, autor de "Reflections", y el padre cisterciense Raphael Simon, autor de "The Glory of my People: A Conversión Store", "Hammer and Fire: Way to Contemplative Happiness", "Fruitful Ministry" y "Mental Health".

En todo este campo debemos resaltar la labor cumplida por el padre redentorista Arthur Klyber (1900-1998), también judío, fundador del ministerio
Remnant of Israel, el cual tiene como misión la de difundir literatura para que los hermanos judíos conozcan del Mesías, y atender casos de conflicto entre matrimonios mixtos. Actualmente el ministerio está a cargo de Mark Droguin, quien junto con la teóloga norteamericana Rhonda Chervin (también judía y bautizada en la Iglesia Católica) ha realizado un gran esfuerzo por recopilar los datos históricos de los hebreos católicos que en esta sección estamos trayendo a la memoria, entre otros cientos de biografías y testimonios, y una elaboración teológica especialmente escrita para la mente judía.EL MOVIMIENTO HEBREO-CATÓLICO
Hasta aquí hemos visto testimonios de hermanos judíos que han reconocido a Jesús como Mesías en la Iglesia Católica, lo cual nos sirve para enfrentar con argumentos las acusaciones de algunos predicadores e intelectuales anticatólicos que aún acusan a la Iglesia de ferozmente antisemita, olvidando toda la documentación pontificia al respecto y la misma declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II.
RESPUESTA A LA ASIMILACIÓN JUDÍA DESDE LA IGLESIA CATÓLICA
A pesar de la inmensa alegría que nos invade al saber de estos hermanos que ahora gozan de la bendición de tener a Cristo Jesús en sus corazones, sin embargo se detecta un problema que, aunque no es visto en el medio cristiano como importante, sí presenta una gravedad máxima en la reflexión de los diferentes círculos rabínicos.
Dicho problema tiene nombre propio: la asimilación. Los judíos entendemos como asimilación el proceso por el cual una persona o colectividad judía va perdiendo su identidad y costumbres ancestrales, bien sea por motivos religiosos de conversión o por el desarrollo de estos hermanos en la sociedad occidental.
El problema radica en que, si bien muchos ministerios católicos fueron fundados con la intención primaria de anunciar el Evangelio a nuestros hermanos judíos que aún no conocen de Jesús, se presenta en ellos una notoria asimilación; el judío que acepta al Mesías y llega a hacer parte de la Iglesia, aunque forma parte de alguno de estos apostolados, en el fondo debe dejar de vivir su judaísmo. Prueba de ello es que se dejan de usar los Símbolos del Pacto y se dejan de celebrar las fiestas hebreas (al menos se celebra la Pascua, pero muchas veces en un contexto ajeno a la vida y la experiencia judía a la luz del Evangelio), se deja de usar el hebreo como lengua litúrgica y poco a poco se va perdiendo un legado de más de 3300 años de historia, un legado que le fue dado al Pueblo Judío por revelación divina.
El problema de la asimilación no sólo ha llegado a preocupar a los diferentes círculos rabínicos sino también al mismo Estado de Israel. Valga a bien citar unas palabras del canciller Shimón Peres ante el parlamento Israelí en 1994:
La creciente aceptación de los judíos en todos los estratos sociales y en las jerarquías socio-económicas, y la prevalencia de los judíos en las profesiones liberales y la vida académica, vienen acompañados de un proceso de secularización característico de la sociedad…en general.
El grado de asimilación es una causa de preocupación para todos nosotros: el gobierno de Israel, los lideres de las comunidades judías y las organizaciones judías mundiales. Pero el reconocimiento mismo de la seriedad del problema, de la necesidad de hacer algo con dedicación y urgencia, podría ser el primer paso en la compleja lucha para asegurar nuestra existencia como pueblo. En esta lucha todos somos compañeros de armas. Hay una sensación compartida en ambos lados del océano de que existe la necesidad de profundizar la identidad judía ampliando la educación judía y fortaleciendo los vínculos del pueblo judío con Israel.
Sin duda que a nivel teológico se podría dar un conflicto semántico al no poder hacer una revisión acerca de la definición del Judaísmo. De hecho, el concepto de "religión judía" es totalmente ajeno a la mentalidad y experiencia del Pueblo Judío, tal como lo demuestra magistralmente el profesor uruguayo Yehudá Ribco en su artículo
No Existe "Religión Judía" .Precisamente la pertenencia al Pueblo Judío implica una gran responsabilidad, y aún más en la época actual. Nos dice el rabino Johnatan Sacks:
… ser judío significa ser parte del pueblo del pacto…. es heredar una forma de vida que se ha ganado la admiración del mundo por el amor a la familia, la devoción a la educación, a la filantropía, la justicia social y su dedicación infinitamente leal a su destino único. Es importante saber que esta forma de vida, transmitida de padres a hijos desde los días de Avraham y Sara, sólo puede ser mantenida por medio de la familia judía; y al saber esto podemos escoger continuarla creando un hogar judío con hijos judíos. Nadie que ha sido tocado por las alas eternas del judaísmo va a romper con gusto la relación entre el pasado y el futuro judío. Esto, y sólo esto, nos asegurará un futuro con nietos judíos.

S. Juan Bosco (1816-1888)
En este mismo orden de ideas, resaltemos que S. Juan Bosco es el primer clérigo católico que hace una propuesta un poco más concreta. Nos hablaba en palabras de su época, de la posibilidad de que el judío que se bautice en la Iglesia Católica conserve su identidad, refiriéndose al caso de su amigo Jonás: "si él se hace cristiano, no abandona la religión hebrea sino que la perfecciona" . Como ahora sabemos, no existe "religión judía", pero las palabras del santo fundador de la comunidad salesiana nos revelan la médula espinal del espíritu hebreo-católico:
recibir a Cristo Jesús nunca es sinónimo de renunciar al Judaísmo.

En 1957 un grupo de judíos israelíes quisieron
unirse a la Iglesia, y se les autorizó la celebración de la Eucaristía en lengua
hebrea. Así nació el "Proyecto Santiago" . Sus miembros, viviendo por todo
Israel, aprendían a como manejar el delicado balance de ser simultáneamente "zabras"
(como nosotros llamamos a los judíos que nacen en Eretz Israel) y cristianos
activamente afiliados a la Iglesia Católica. Un apostolado para nada fácil, si
se tiene en cuenta que casi todos los contextos cristianos tienen una
connotación negativa en medio de casi todos los sectores mesiánicos y algunos
tradicionales del Judaísmo.
El padre Pierbattista Pizzzaballa, OFM, quien ahora es el Custodio de Tierra Santa, fue capellán de esta comunidad; la Eucaristía se celebra en idioma hebreo en
Beth Sh´meon v´Janah en Jerusalem; Fray Pierbattista fue el primer clérigo católico en dar a conocer ante la prensa a los "católicos de tradición hebrea", en una entrevista dada el 24 de Marzo del 2000 a la agencia FIDES. Este concepto va a formar como columna de la razón de nuestro apostolado en la B´NEI TZION.

Fray Elías Friedman, O.C.D.
el 28 de mayo de 1979 el padre carmelita Elias Friedman, O.C.D., judío oriundo de Sudáfrica, escribió a Monseñor William Aquin Carew, en ese entonces Delegado Apostólico de Jerusalem, objetando una opinión que él encontró en la revista Civiltà Cattolica, 1937, p. 500, el cual afirmaba: "La conversión de Israel sería la solución definitiva (al problema judío) con la condición de que, una vez ellos lleguen a ser cristianos, los judíos pierdan su nacionalidad" (hay que aclarar que lo que antiguamente se entendía como "nacionalidad judía" era el conjunto de tradiciones, costumbres, idioma y demás aspectos que identifican al Pueblo Judío en cualquer punto del planeta).
Monseñor Carew respondió al padre Friedman en una carta fechada el 25 de junio de ese año lo siguiente: "Personalmente yo creo que sería viable que los judíos acepten a Cristo y Su Iglesia sin caer en la asimilación".
El padre Elías es ampliamente recordado por ser el fundador de la
Asociación Internacional de Hebreos Católicos, que actualmente cuenta con delegaciones en más de 11 países, y que trabaja por la preservación de las raíces judías de los creyentes católicos de origen judío, y para brindar a los demás hermanos católicos una visión del judaísmo en la que Jesús es el cumplimiento de todas las promesas para Israel. Actualmente la dirige David Moss, y la B'nei Tzion mantiene con esta asociación relaciones de cooperación y ayuda mutuas.